La mirada en la visión

¿Acaso romantizamos la visión? ¿Es solo una frase bonita que el equipo de marketing escribió para que suene bien?

La respuesta es no. O, al menos, no debería serlo.

La visión —cuando es verdadera— es un faro. Una luz que guía incluso cuando no podemos ver más allá de nuestros propios pasos. Es lo que nos mantiene en marcha cuando el contexto parece jugar en contra. Va a contrapelo de la inmediatez, del deseo de que todo ocurra ya, como sea.

La visión sostiene cuando la frustración aparece, cuando los resultados no llegan tan rápido como quisiéramos. Es una actitud rebelde frente al status quo. Como decía Viktor Frankl:

“Al hombre se le puede robar todo menos una cosa: la última de las libertades del ser humano, la elección de su propia actitud ante cualquier tipo de circunstancias.”

Fotografía sin título por Lucía Marchessi

Una visión sólida no garantiza el resultado inmediato, pero sí garantiza dirección y sentido. Porque no se trata del tiempo que tarda en llegar, sino del impacto que genera cuando lo hace.

Trabajar sin visión es como navegar a la deriva en una balsa, movidos por los vientos del entorno. Podemos avanzar, sí, pero sin rumbo. En cambio, cuando tenemos un punto claro en el mapa, una idea que guía nuestras decisiones, todo cobra otra dimensión. Aun en las tormentas, ese faro sigue ahí. Y muchas veces, es lo que nos rescata cuando sentimos que estamos por hundirnos.

Acaso romantizamos la visión? Acaso la visión no es más que una frase linda que nuestro equipo de Marketing nos ayudó a redactar para que suene bien?

La respuesta es NO. O por lo menos, no debería. La visión sobre lo que queremos es un faro de luz cuando no podemos ver más allá de nuestros pies. Es lo que nos mantiene andando cuando lo que sucede a nuestro alrededor no parecería ser muy prometedor. La visión va completamente en contra de lo inmediato, de querer que las cosas sucedan ya, a como de lugar.

Es lo que nos mantiene en movimiento, cuando la frustración nos atraviesa porque no vemos resultados. Es una actitud rebelde frente al status quo. En palabras de Viktor Frankl: “Al hombre se le puede robar todo menos una cosa: la última de las libertades del ser humano, la elección de su propia actitud ante cualquier tipo de circunstancias.”

Una visión fuerte nos garantiza el resultado, porque no lo medimos en el tiempo en que llegan las cosas, sino en el impacto que generan. Trabajar en automático, sin una visión clara es como ir en una balsa en un mar profundo. La balsa se mueve igual, pero a merced del viento, es decir: nos lleva a donde quiere. Tener una idea clara, un punto en el mapa el cual perseguir nos garantiza no quedar a la deriva, nos da la certeza de que a pesar de las dificultades el camino es claro y que en tiempos donde todo se pone nebuloso, ese punto, ese faro, ese deseo nos va a sacar del agua aún cuando nos estemos hundiendo.

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