Ante el vacío de sentido y el bombardeo constante de “información” (más sobre ese uso de comillas en otra ocasión), ahora todo el mundo habla de estrategia.
Ahora “hay que ser estratégicos”. ¿Pero qué es estrategia?
Según Wikipedia, la estrategia es “un plan general para alcanzar uno o más objetivos a largo plazo o globales en condiciones de incertidumbre”. Este concepto nació ligado a contextos militares y políticos. Sin embargo, fue el estadounidense Michael Porter quién desarrolló la estrategia competitiva moderna aplicada a los negocios.
Para Porter, la estrategia se basa en dos grandes dimensiones:
1- La estructura de la industria: su naturaleza, sus dinámicas, cómo cambia frente a su contexto, su atractivo y su rentabilidad.
2- El posicionamiento: cómo la empresa compite dentro de su industria.
Michael Porter dice que muchas empresas cometen el error de solo enfocarse en la segunda: mirar qué hace mi competencia y tratar de mejorarlo. Esto lleva a negocios frágiles, que se ponen en riesgo por no tener una visión clara sobre su propio modelo de negocio.
Estrategia en el marketing – una herramienta de negocio
El marketing estratégico parte de una visión clara, que se traduce en objetivos medibles, se desglosa en tácticas concretas y finalmente se convierte en un plan realizable y sostenible. Una marca sólida, que genera una conexión emocional y de confianza con su público, es difícil de quebrar.
Para que el marketing sea verdaderamente una herramienta estratégica, debe responder al plan de negocio y tener claridad en tres grandes aspectos:
- Público objetivo: Conocer en profundidad sus expectativas, sus deseos y aspiraciones, pero también sus preocupaciones y problemas.
- Tu autenticidad: ¿Qué hace a tu marca única? Ese es el valor diferencial con el que conectará tu audiencia.
- Servicio o producto congruente con los dos puntos anteriores.
¿Suena fácil? No lo es.
La estrategia debe ser accionable. No es un documento que muere después del primer año de vida. Es un plan que se ejecuta con compromiso, visión y medición constante.
Hablar de estrategia no es solo sentar las bases. Es ponerlo en práctica, medir, ajustar y seguir. Y lo más importante: no perder la visión a largo plazo, que es lo que asegura una marca que perdure en el tiempo.
